¡Queridos hermanos cursillistas, un abrazo!
¿Cómo han empezado el año? Porque las disposiciones interiores son importantísimas. El papa nos ha convocado a recapacitar y reorientar la vida de la Iglesia entorno a una expresión de grandísimo alcance: Misericordia. En ella, la Iglesia visualiza el corazón del Evangelio y la medida de su entrega misionera.
Quisiera transcribir algunas palabras que una vez leí del gran educador, Luigi Giussani, acerca de la misericordia:
“El Misterio de Dios en Jesús se define con la palabra: “Misericordia”. Por ello, Dios nos da el tiempo para que Su gracia en la libertad del hombre.
“Su misericordia es eterna”, y así nuestras transgresiones humanas hunden su precaria consistencia en el mar infinito de Dios, en el mar del Señor. En efecto, para definir el Misterio –lo desconocido para el hombre- la palabra más bella es “misericordia”.
La misericordia es verdadera imitación de Cristo, y éste es el aspecto particular, pero arrollador por su fuerza persuasiva, con el que Dios se justifica, el Misterio se revela, y la compañía de Jesús cala en nosotros, nos impregna incluso con fuerza.
La misericordia, verdadera imitación de Jesús, es la mirada del Misterio sobre todo hombre, es el eco de la caridad de Dios en nosotros. La misericordia es este afán, el esfuerzo de la libertad. Aceptar la misericordia de Dios para con nosotros significa aceptar la espléndida victoria sobre todos los límites que hallamos en los demás, que es la misericordia.”
Me quedo con estas palabras, y las quisiera asociar a la gran tarea en la que estamos inmersos: El Poscursillo. Todo lo que esté relacionado con el Poscursillo tiene que ser expresión de la misericordia. Cuando Jesús dijo en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu de Dios está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres… y proclamar el año de gracia del Señor”, Jesús estaba cambiando, más bien, ampliando el sentido de esta expresión veterotestamentaria que se refería a la disposición de la Ley a realizar cada 50 años un nuevo comienzo, devolviendo a los habitantes de Israel su tierra y sus derechos. Jesús es presencia de Dios, y esto cambia las cosas. El “año de gracia” ya no se trata de un tiempo, sino a una presencia, la suya. Ahora, Él está con nosotros y todo lo que se mueve a su alrededor es tiempo de gracia. En este sentido, el Poscursillo nos habla de la presencia del Señor Jesús en la vida de unos hombres y mujeres que le han conocido y le han dicho “sí”. Por eso, toda su formación en adelante, tiene que estar marcada por esta bella palabra: Misericordia. Sólo con misericordia se puede evangelizar un ambiente. Unámonos en oración y reflexión, para que todos los aspectos de este trabajo que estamos realizando, se realicen en la misericordia y se convierta en un espacio de crecimiento impregnado de ella.
¡De colores!
San Francisco de Campeche; Campeche, Febrero 2016
P. J. JOAQUIN LOPEZ AREVALO
ASESOR NACIONAL