Mensaje del asesor (enero)

Misericordia-de-Dios

Les saludo con cariño a mis queridos hermanos de colores:

Este tiempo de Navidad ha sido para todos nosotros un replantearse el encuentro con el Hijo de Dios en la humildad de su pequeñez humana. Verlo en el cálido espacio diseñado por las circunstancias y por su hermosa madre María, nos deja admirados y nos reclama suavemente a recibirlo con amor en nuestras vidas. Jesús es “Dios con nosotros”, “Dios que salva”, y nosotros que somos su Iglesia hemos sido enviados a hacer palpable esta cercanía de Dios. Yo y tú, hemos sido puestos en este mundo para hacer presente a Cristo ante los demás. De esta grandísima labor surge la pregunta de cómo llevarla a cabo.

El Año de la Misericordia es una clara propuesta que nos sitúa ante el proyecto de la Nueva Evangelización. No se trata de decirle al mundo, a los demás, a los que nos rodean: “Dios te ama”, sino amarlos con el amor de Dios; no se trata de decirles “Dios te perdona”, sino perdonarnos mutuamente, etc., es más, se trata de comprender que el mensaje que tenemos que dar pasa por nuestra ofrenda de amor a los demás. En efecto, así como se encarnó el Hijo de Dios y se manifestó en la figura de Jesús, así también, mediante la comunión con Él, la Iglesia encarna a Jesús en cada uno de nosotros y lo acerca al mundo. El misterio de la encarnación se proyecta en la Iglesia, y desde ella busca abarcar el orbe entero, encarnando el Evangelio, que es Jesús mismo, en los distintos contextos en los que se desenvuelve el hombre y la mujer de hoy. En pocas palabras, la encarnación tiende a envolver al mundo de la presencia de Jesús resucitado.

Aquí en Campeche, donde vivo y sirvo, existe la tradición de robarse al “Niño Dios” de los vecinos, y para el día de la Candelaria, devolverlo. El robo tiene un sentido, llevarlo al propio hogar y darle cobijo, y el día en que hay que devolverlo, hay que hacerlo con fiesta y algarabía; con ricos bocadillos y fresca horchata u otro refresco. En la devolución se cuenta la historia del robo y otras cosas curiosas. Sin embargo, esta simpática y bonita costumbre corre el riesgo de quedarse ahí, sin pasar a la vida. Este es el riesgo de las navidades en nuestras vidas.

En mi parroquia robaron al niño y por supuesto que me asusté, pero pronto dieron indicios de que estaba formando parte de esta costumbre que les mencioné. Esto me permitió reflexionar e invitarnos a los que formamos parte de la comunidad de Santa Lucía a hacer cotidiana la intención de la costumbre.

Pasando a otro punto, me da mucho gusto saber que la nueva edición de Ideas Fundamentales ya está llegando a los distintos Secretariados del país. En esta nueva y extraordinaria aportación aparecen dos capítulos nuevos que es necesario leer con el mismo espíritu con que fueron hechos: espíritu de comunión y respondiendo al llamado de la nueva evangelización que nos exige ser actuales. Disfrútenlos, la historia es historia de la salvación, y el esfuerzo por exponer el carisma es también guiado por el Espíritu de Dios en la vida de nuestro Movimiento.

¡De colores y un fuerte abrazo!

San Francisco de Campeche; Campeche, Enero 2016

P. J. JOAQUIN LOPEZ AREVALO
ASESOR NACIONAL