Mensaje del Asesor Nacional (agosto 2014)

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¡De vuelta con ustedes y a unos días de nuestro encuentro con los secretariados en el plenario nacional de Parral, les saludo con los colores del cariño!

Hace dos mensajes les decía algo acerca de un Pentecostés que se está desenvolviendo en nuestro Movimiento con el Plan Nacional, de nuestras buenas intenciones planificadas el Espíritu de Dios puede producir muchas más maravillas. También, en el mensaje anterior les proponía mantener una mirada discerniente que nos permita ir más allá de la mera opinión pública, una mirada abierta a los impulsos del Espíritu Santo que se desarrolle conforme a los proyectos de la Iglesia, y que al fin de cuentas nos permita ser verdaderos discípulos misioneros.

En estos días he tenido la oportunidad de convivir con una hermosa familia de México. Después de haber compartido en la Provincia de Morelia, concretamente en Yuriria Guanajuato, el Retiro-Curso de Secretariado con el formidable Irving, nuestro Vicepresidente Nacional, tuve la oportunidad de estar con unos amigos que no dejaron de sorprenderme con su extraordinaria familia. Ellos, padres e hijos, mantienen una rica unidad a un nivel humano exquisito. El trabajo, la fe, la familia, la hermandad, el respeto, la amabilidad, la atención, a su esposa el papá, a sus novias los hijos, y el indispensable descanso, aparecen con claridad en cada uno de sus miembros, aunque sean cada uno totalmente distinto del otro.

La comunión de lo diverso no sólo pasa por vencer a nuestros demonios interiores sino también por comprender en parte las cosas hasta el fondo. Hasta el diablo tiene su ser fundado en la bondad de su esencia, dice santo Tomás de Aquino (Suma contra Gent… L. III, cap. XV). He dicho comprender en parte, porque las cosas son un misterio y las personas más, así como los acontecimientos que ellas suscitan. Y el misterio es insondable. De ahí que construir la comunión del mundo a través de la Iglesia sea a la vez que un don de Dios, también una lucha contra nuestros males personales y un incesante mirar desde la fe la realidad.

Sobre este punto de la comunión que la Iglesia ha de promover, recuerdo aquellas viejas páginas de La Raza Cósmica de José Vasconcelos, que les invito a leer, pero que paradójicamente contienen una vitalidad que quizá muchos hemos perdido:

“Y el conflicto está ahora planteado totalmente en el Nuevo Mundo. (…) que no acabamos todavía de salir de la impresión de la derrota. (…) seguimos perdiendo, no sólo en soberana geografía, sino también en poderío moral. Lejos de sentirnos unidos frente al desastre, la voluntad se nos dispersa en pequeños y vanos fines. La derrota nos ha traído la confusión de los valores y los conceptos (…). Despojados de la antigua grandeza, nos ufanamos de un patriotismo exclusivamente nacional (…). Nos negamos los unos a los otros. (…) sin darnos cuenta, servimos a los fines de la política enemiga (…). No sólo nos derrotaron en el combate, ideológicamente también nos siguen venciendo. Se perdió la mayor de las batallas el día en que cada una de las repúblicas ibéricas se lanzó a hacer vida propia, vida desligada de los hermanos, (…) sin atender los intereses comunes de la raza.”

(José Vasconcelos, La Raza Cósmica, Porrua, México 2001, pp. 6-7)

Vasconcelos tiene esa mirada profunda de intelectual y de creyente que nos puede recordar el llamado a mirar desde la fe que no sólo comprende sino que también emprende con la fuerza de la pasión por la vida, así como de la compasión por los más necesitados, a transformar nuestros ambientes. Pero advirtamos que la transformación de un ambiente en el que continuamente nos movemos está precedida por la transformación de nuestros corazones, de este ambiente interior que ha de crecer en la gracia lúcido, humilde y comprometido.

Unas cuantas preguntas al respecto: ¿qué ideal cristiano personal y comunitario (pensemos también en el país), a partir del estudio y la oración, me he ido construyendo a raíz de mi pertenencia al Movimiento?, ¿desde mi participación en el Movimiento, cómo contribuyo a la realización de la comunión con Dios y con los demás, incluso más allá de la Iglesia?, ¿soy consciente de los principales obstáculos (demonios personales y grupales) que nulifican este esfuerzo?

¡Ánimo amigos de colores! Nuestro mundo nos necesita, nuestro país nos necesita, nuestros hogares y nuestro Movimiento nos necesita en una lucha común.

San Francisco de Campeche, Campeche Agosto de 2014

Pbro. José Joaquín López Arévalo
Asesor Nacional