Me dio mucho gusto verlos en Tapachula a varios de ustedes, especialmente a mis hermanos sacerdotes.
La Reunión de Asesores (RAMCC) fue una rica experiencia de amistad y compromiso. Una experiencia esperanzadora. Orar, aprender, conversar, trabajar, pasear… son el espacio que Dios nos ofrece a todos, y del cual brotan hermosas y concretas expectativas para orientar nuestras miradas hacia el compromiso presente y el sueño futuro.
Los padres estamos de acuerdo en la importancia de la formación: pre-escuela y escuela (en sus 3 niveles), por eso, desarrollar un manual a partir de la Guía de Escuela es un gustoso trabajo, arduo pero gustoso.
¿Formarse?, ¿para qué? Si observamos detenidamente, palabra misma nos sugiere la respuesta. Se trata de adquirir una “forma”, una “forma personal” distinta a la que tenemos. Una forma totalmente influida por la “forma de Cristo”. Se trata de adquirir la forma de hijo de Dios, que Cristo hace posible en nuestras vidas participándonosla.
- Primero. En el camino de la formación, no se trata de una forma física ni bidimensional ni tridimensional, sino de una forma humana. Las formas físicas están definidas por segmentos que se conjugan para generar figuras con área o cuerpos con volumen, en cambio, la forma humana define a las personas desde dentro, desde el corazón, por eso Jesús decía, “la boca habla de lo que está lleno el corazón”. Formarse en el camino de la fe cristiana es adquirir por parte de nosotros una forma humana acorde con el corazón de Cristo y, obviamente, con rasgos semejantes a los de su personalidad. Se trata de ser como Cristo pero en mí propia vida, en otra época, ante nuevos retos. ¡Ojo! Formarse así, implica haberse encontrado con Cristo y querer ser como Él.
- Segundo. Para que una escuela pueda contribuir a formarnos en el camino de la fe, es necesario tomar consciencia tanto de nuestras potencialidades como de nuestras deformaciones. En concreto, necesitamos estar convencidos de la necesidad de reformarnos, de reeducarnos. Por ejemplo, una de nuestras potencialidades es que cuando escuchamos la belleza y la profundidad del Evangelio, nos entusiasmamos y queremos conocerlo más, pero en seguida nos enfriamos, porque hay una deformación en nuestra cultura que nos impide ser perseverantes. La cultura de hoy nos arrastra a las personas, despertando demasiados deseos y preocupaciones en cada uno, de manera que nos lleva al cansancio, y no nos permite reflexionar sobre la verdadera o falsa importancia de lo que nos da. Nuestras vidas parecen vidas apretadas, parece que darle a Dios un espacio es casi imposible, y a pesar de los esfuerzos, nos sentimos insatisfechos y cansados.
- Tercero. Necesitamos reestructurar nuestras vidas y esperar los frutos que un esfuerzo de este tipo pueden generar en ellas. Reestructurar implica dejar ciertas cosas que no son importantes a un lado, como dejar de ver un poco de televisión… y ceñirnos a un horario que incluya nuestra asistencia a la escuela, así como tiempos para leer, repasar o profundizar en alguna temática. Esto es difícil, si vemos el panorama actual, los mexicanos no estudiamos siendo ya mayores, y los profesionales que lo hacen son muy pocos, y a veces por mera necesidad económica.
- Cuarto. El estudio no es mero crecimiento intelectual, va acompañado de un profundo amor que se inflama en la oración. El que estudia y reza, genera una amplitud de corazón en el que el misterio de Dios no sólo se comprende sino se palpa maravillado, porque es una realidad presente que nos abraza y abraza al mundo dándole sentido. En este punto, María es nuestra maestra. Ella escucha y mira maravillada, por eso su corazón pudo soportar el desafío más grande, ver morir a su hijo en una cruz ignominiosa.
En hora buena mis queridos amigos del MCC. Un fuerte abrazo y ánimo en sus escuelas. No dejen de agradecer a los sacerdotes con su cariño y oración por el esfuerzo que se manifiesta en su atención a las escuelas del Movimiento.
Que Dios los bendiga.