Les envío un abrazo cariñoso a todos ustedes mis hermanos cursillistas de México. ¡Les deseo una feliz y fecunda Navidad, así como un año de paz y de justicia en nuestro país por medio de Cristo Jesús, nacido para nuestra salvación!
Dos palabras me han ayudado a empezar este nuevo año con la fuerza y la luz de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María. “Guardar” y “meditar” en el corazón el misterio de la Navidad, a ejemplo de la Virgen Madre. Considero que María es la mejor manera de entender la relación de todo discípulo con Jesús. Si Dios confió en ella, entonces nosotros podemos fiarnos de ella, de su amor, de su fe, de sus cuidados, de sus palabras de aliento, de su manera de educar.
“María por su parte “guardaba” (sinetérei) todas estas cosas y las “meditaba” (simbálusa) en su corazón” (Lc2, 19). Ambos verbos están construidos con el prefijo sim que denota un centro hacia el que tiende a concentrarse la interioridad de María. Ese centro es Jesús, es la Verdad en persona.
- Ella es quien guarda las cosas en su corazón. Lo que acontece en torno a su Hijo no se pierde, no lo guarda tampoco en una cámara fotográfica, porque hay elementos que no son del todo tangibles. María guarda lo que sucede y se dice en torno a su Hijo, porque ella sabe que Él es la Palabra eterna, la Verdad de todas las cosas. María, en el camino que presenta el evangelio, se nos muestra como quien guarda la Verdad en lo íntimo de la vida, ahí donde la Verdad aunque desbordante, se puede contener completa. Y sólo ahí puede estar completa porque la Verdad es vida, y el corazón es la instancia más apropiada para verificar el valor de esta Verdad, puesto que es Verdad para el mundo, para el hombre.
- María guarda esta Verdad viva, aunque no esté de moda, aunque el mundo la necesite pero no la acepte en toda su amplitud. En nuestra posmodernidad, el tema de la verdad se ha eclipsado; se dice que por carecer de fundamento. En efecto, si se elimina a Dios, lo único que nos queda es la movilidad y fugacidad del universo, del mundo, de la historia, y es obvio que esta movilidad-fugacidad no puede fundamentar a la larga, nada. Sólo nos queda el individuo y su presunta libertad para construirse un camino, un mundo, un futuro.
- Sin embargo, han llegado nuevas experiencias religiosas, porque la sociedad se siente urgida de un poder que, asociado a ella, le ayude a afrontar el desmoronamiento del mundo o sus problemas. Pero entre éste estar urgidos, y las experiencias religiosas acomodadas a estas urgencias, no se llega a la plena satisfacción de la vida, pues no se va hacia la Verdad que siempre es más amplia, más profunda, que tiene su propio tiempo para fructificar, pero que es la que nos sacaría de nuestras ficciones y nos daría más realismo, menos fantasmas y más paz, porque se trata de la Verdad eterna en el tiempo, en el mundo, en nuestras vidas. María la ha guardado y como madre que ama al mundo, está dispuesta a dársela a todos los que la requieran. Ella pone a disposición a su Hijo sin más protocolos que el mirar en nosotros la sencillez de una súplica que se dirige al cielo, hacia Dios.
- María es la Iglesia que empieza a caminar. Los cristianos somos Iglesia, y María es la primicia de esta Iglesia, por eso, así como ella, debemos guardar a Cristo, ser memoria de la historia humana del Verbo divino, de la eternidad que colma los corazones que maduran en el tiempo. Debemos de guardar aquellas cosas en las que el Verbo está presente. En el pan y el vino consagrados, en cada uno de los que conformamos la comunidad, en nuestro hermano pobre, en el que vive en las periferias marginado…Sólo el que retiene esta Verdad viva, puede aprender para ver, ver para vivir, y vivir para compartir en amor, y compartir la propia vida porque el Verbo se adueña de ella.
- Hay formas parciales de esta relación con la Verdad viva, con Jesús. Por ejemplo, creer que la relación con Jesús se da sólo a través del estudio de la teología, que terminan engendrando un nuevo gnosticismo; o creer que se da sólo mediante la espiritualidad, que termina provocando fanatismo; o creer que se da sólo en una forma de caridad, que termina enorgulleciéndose de sí misma, despreciando otras formas de amar; o creer que sólo la Biblia basta, porque termina siendo protestantismo; o creer que sólo bastan las devociones a las imágenes, las novenas o los sacramentos incluso, porque termina siendo esoterismo; pero una de las que más nos afectan a nosotros los cursillistas, es la idea equivocada de que la relación con Jesús sólo se mantiene a través de nuestro Movimiento, porque eso ya es una especie de sectarismo (hay voces que han dicho que no son católicos, pero sí cursillistas). Por su parte, María mantiene una relación completa con la Verdad viva porque la acoge en su corazón, en su vida, y en cooperación con el conjunto de personas que Dios ha elegido.
También María medita lo que guarda en su corazón. Lo trata de entender para servirle de mejor manera. Se lo explicita con la ayuda del Espíritu y trata de explicitárselo a los demás, a la Iglesia de la que ella es madre (Gnilka y Ratzinger hablan de “tradiciones de familia” que influyeron en la elaboración del evangelio de Mateo y Lucas). De este punto hablaremos después, porque ya nos alargamos demasiado.
Digamos a María madre de Dios y madre nuestra, que nos confiamos a sus cuidados y a su esfuerzo por formar en nosotros el rostro y el corazón de su Hijo Jesús.
¡De colores hermanos y hermanas!
San Francisco de Campeche, Campeche Enero de 2015
Pbro. José Joaquín López Arévalo, Asesor Nacional