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Woman sits in a sofa and read the Bible

¡Qué tal mis queridos cursillista de México!

Es un gusto compartir con ustedes este espacio de encuentro y amistad.

La Nueva Evangelización (NE) a la que nuestro papa alude con el vivo deseo de que despierte un impulso misionero a lo largo y ancho de la Iglesia (EG 1), nos lleva inevitablemente a puntos concretos sobre los cuales hay que reflexionar, como por ejemplo, ¿a qué se refiere concretamente con NE?, ¿hay una evangelización vieja?, ¿cómo deberá ser el nuevo evangelizador?, ¿con qué recursos cuenta esta NE?, etc. En este breve espacio quisiera compartir con ustedes un punto que cuestiona un cierto estilo que se ha generalizado en nuestro Movimiento: el cuento.

La ineficacia de los medios de evangelización, a parte de la evangelización que huele a otras épocas y que se resiste a abandonar viejos esquemas de expresión, se debe en gran medida a que los cristianos ya no sabemos contar la “Historia de la Salvación”. Y si se intenta contar, nos resulta tan ajena a nuestras vidas que parece más bien un puñado de historias extravagantes que no despiertan más que un interés de la fantasía hedonista de nuestra época.

Si en esta etapa de NE, la Iglesia no recupera en cada uno de sus hijos la capacidad de contar la Historia de la Salvación, será porque la consciencia que cada cristiano tenga de su propia historia, carecerá de esta interpretación salvífica que hace de la propia vida un evangelio vivo capaz de iluminar a los que le rodean.

La Historia de la Salvación se ha visto cada vez más desplazada por otras narraciones que aunque puedan ser de un gran valor literario, carecen de esa peculiaridad que caracteriza al texto sagrado. El cuento entre ellos. Puede ser, en el mejor de los casos, una narración con gran valor pedagógico, pero que carece de la amplitud de la verdad revelada que se nos ha dado en los acontecimientos que la Biblia consigna.

Dos puntos esenciales que no hay que olvidar:

  1. La Biblia hay que leerla desde la intención del autor o los autores que la conformaron en cada uno de sus libros y sus géneros literarios. Sin olvidar por supuesto que hay Autor también que en el fondo le da unidad a todo el conjunto, Dios. Él tiene una intención que se manifiesta a lo largo de la Escritura Sagrada.
  2. El otro punto es que esa Historia Salvífica transmite una verdad salvífica que interpela a los hombres y mujeres de hoy. En este punto me quiero detener porque afecta directamente a la NE, y a un elemento esencial del Post-cursillo, así como a la propuesta evangelizadora del Movimiento.

Hace poco, un par de meses antes de acabar el ciclo de catequesis de mi parroquia, mientras les daba una clase a mis catequistas, se me ocurrió pedirles que recordaran la mejor clase que dieron ante los niños en este año que estaba acabando. Después les pedí que me contaran la parte de la Historia de la Salvación que esa clase comportaba. Mi sorpresa fue escuchar historias que muy poco tienen que ver con las historias narradas por la Biblia; además de la forma no muy agradable en que lo hacían. No eran historias fascinantes, bien narradas, que despertaran el interés del auditorio; además no decían nada o casi nada de la vida en la que hoy estamos inmersos todos. Dios aparecía como un personaje más, y sin interés alguno para los presentes. No sabemos contar la Historia de la Salvación, en consecuencia, no sabemos contar las maravillas de Dios en nuestras vidas. No sabemos con claridad qué relación hay entre la narración de Noé y el diluvio y nosotros, entre Jacob y nosotros, entre Sansón y nosotros, entre un Jonás y nosotros… No sabemos, qué relación hay entre el Dios vivo, el Dios de la historia y nosotros. Nos hace falta un código para descifrar y conjugar lo descifrado con nuestro caminar cotidiano como discípulos de Cristo, como familias cristianas, como país, como sociedad global.

Les comparto una breve contemplación sobre la figura de José nacida en estos días de lectura del Génesis. También porque este personaje hijo de Jacob siempre me ha provocado una extraordinaria fascinación, y estoy seguro que no sólo a mí.

Quisiera que miráramos panorámicamente cómo este personaje asume su presente, su pasado y su futuro desde el ángulo preciso de la fe.

José, después de la desgracia causada por sus hermanos envidiosos, llegó a Egipto, y poco a poco el don que le permitía interpretar el porvenir a partir de los sueños, le granjeó el reconocimiento incluso del faraón que lo instituyó ministro suyo. Dice el Génesis que el único que estaba por encima de él era el faraón que lo puso al frente de todo Egipto (Gn 41, 42-44).

  • El presente de José está determinado por la presencia de Dios en su vida: “El Señor estaba con José y todo le salía bien” (Gn 39, 2; 39, 23). Lo que José emprende le resulta provechoso. Cuando José se convierte en el ministro de Egipto, su administración es sabia y logra almacenar en tiempos de abundancia, lo que servirá para tiempos de hambre. Posteriormente cuando llegan los años de sequía que terminan afectando al mundo entero, José comienza la segunda parte de su proyecto administrativo, una política asistencial que abastece de grano no sólo a Egipto sino a países necesitados, incluida la familia de Jacob. El presente de José es un presente sabio, justo y fecundo por la presencia de Dios en su vida.
  • El futuro de José se proyecta a partir de un don divino, saber interpretar sueños. José a partir de su estrecha cercanía con Dios, es el hombre que sabe interpretar los signos de los tiempos que afloran en el corazón de las personas. José no mira el futuro como resultado de la conjugación de las fuerzas anónimas del mundo o del universo, sino que lo mira desde Dios. Él capta las oportunidades que Dios siempre ofrece, pero también las posibles crisis que se desatarán en virtud de las elecciones de la humanidad en el presente. Este rasgo lo convierte en un hombre previsor, capaz de diseñar planes que beneficien a todos. La narración con cierta exageración señala que sus previsiones favorecieron a todo el mundo (cf. Gn 41, 57).
  • El pasado de José es de las cosas más hermosas que nos ofrece la Biblia. Podemos imaginar el dolor que había en su corazón respecto a sus hermanos, su familia, que tenían la intención de asesinarlo, pero que terminaron vendiéndolo y engañando a su padre. Sin embargo, no hay que perder de vista que José es un hombre de Dios, y lo reconoce el faraón (Gn 41, 38-40). Cuando el mira el pasado, ya hay en él un cierto olvido simbolizado en su hijo Manasés, cuyo nombre significa “olvido”, y que simbolizó su libertad interior respecto a los acontecimientos dolorosos del pasado. En José hay un profundo dolor pero no es en él lo único. No se ve en él el resentimiento que suele darse en muchos de nosotros ante ciertas afrentas o infamias padecidas en la vida. Cuando él se encuentra con sus hermanos, el pasado vuelve a resurgir, pero el hombre de Dios logra abrirles las puertas de su corazón a su familia amenazada de morir de hambre en el desierto. Veamos la interpretación que Dios le ha permitido acerca de los acontecimientos desdichados: “Acérquense a mí. Ellos se acercaron y él les repitió: – Yo soy José, su hermano, el que ustedes vendieron a Egipto. Pero no estén angustiados, ni les pese el haberme vendido, pues Dios me envió para que viniera antes que ustedes y pudiera salva sus vidas” (Gn 45, 4 y 5).

San Francisco de Campeche, Campeche, julio de 2015

 

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