Mensaje del julio del Asesor Nacional

Mensaje del Asesor Nacional (Mayo)
mayo 5, 2016
Viviendo su 5o. día en la Casa del Padre
julio 15, 2016
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¡Les saludo con cariño queridos hermanos cursillistas!

  1. Introducción

De entrada, a la Iglesia le importa la humanidad entera; y especialmente, los alejados deben importarle, aunque en la práctica no siempre fue así, y en algunos casos en que se interesó por ellos no siempre fue de la misma manera. Por ejemplo, a principios del s. II, san Ignacio de Antioquía escribía a los efesios una carta en la habla de los que no acuden a la reunión de los fieles: “si alguno no está dentro del ámbito del altar, se priva del pan de Dios… el que no acude a la reunión de los fieles, en eso sólo ya se muestra soberbio y se pronunció su propia sentencia” (Carta a los efesios, V); en el s. III, san Cipriano de Cartago, gran obispo de la antigüedad, ante el deseo de regresar de algunos cristianos que habían renegado de su fe en Cristo por miedo a las represalias del Imperio Romano, los lapsi, se mostró duro y desconfiado: “Los que vuelven al altar del diablo se acercan al Santuario del Señor con las manos manchadas e impregnadas del olor de los sacrificios, casi eructando aún las viandas de perdición ofrecida a los ídolos; cuando respiran por su garganta aun ahora su crimen y despiden olor a aquellos funestos festines, se precipitan sobre el cuerpo del Señor, a pesar de que la Escritura divina se opone a ellos” (De los apostatas, 15); mantuvo la postura de reintegrarlos a la Iglesia hasta poco antes de que la persona muriera. Muy diferente a la postura que la Iglesia quiere vivir hoy llamándonos a ser misericordiosos como el Padre Dios, y a adoptar una postura de profunda comprensión de la realidad de los demás, especialmente de los alejados.

Quisiera compartir algunas intuiciones y experiencias que pueden contribuir a una mejor reflexión y proyección pastoral sobre el tema de los alejados. En nuestro esfuerzo por asumir el llamado de Jesucristo a misionar, el MCC como parte de la Iglesia tiene una gran responsabilidad con los alejados tal y como lo expresan Nuevas Ideas Fundamentales (IF 3):

“La propuesta de vida nueva que hace el MCC es una propuesta universal, destinada y dirigida a todos los hombres, de toda circunstancia y condición, pero con preferencia para los alejados, aquellos que no han conocido o no han aceptado plenamente a Cristo. A ellos especialmente se pretende hacer llegar la propuesta y la experiencia del amor de Dios.” (n. 100).

  1. Hacia una definición de alejado

En la misma edición de IF 3 se define en cierta medida en un glosario final la idea de alejado: “Personas que, por circunstancias de la vida o por decisión propia, se han alejado de Cristo y de la Iglesia, de forma que para ellos la fe cristiana no tiene relevancia vital.” (p. 193).

Esta noción de alejados no es nueva. En el capítulo dedica a los orígenes históricos del MCC se dice que en una España en posguerra, reconstruyéndose, la situación religiosa era compleja: “Aparentemente, la sociedad española es cristiana. Pero en gran medida se da simplemente un “cristianismo social”, en el que o hay una autentica vida cristiana coherente.” (n. 5). Permítaseme hacer una aclaración. La expresión “cristianismo social” que aparece en la cita, no es apropiada; ya que el cristianismo es en su más íntima esencia “social”. Lo que los autores quieren más bien indicar con ello, es la apariencia de ser cristianos, cosa que sólo se muestra en ciertos eventos o fiestas sociales.

De la Redemtores Missio a Aparecida, el tema se ha ido acentuando. Para sentir el llamado, cito al Papa Francisco en su Exhortación Evangelii Gaudium:

“En segundo lugar, recordemos el ámbito de <<las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo>>, no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe: La Iglesia, como madre siempre atenta, se empeña para que vivan una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Evangelio.” (n. 14).

La cita advierte que el alejado está distanciado de la Iglesia debido a la falta de un lazo cordial con la Iglesia, y también porque la fe no les resulta vitalmente significativa.

El apelativo alejado debe llevarnos a mirar el distanciamiento no tanto de la persona respecto a un ámbito determinado de la Iglesia (un grupo por ejemplo, pues esto es algo relativo), sino más bien el que hay entre su pretensión de ser cristiano y su vida, vida que transcurre sin referencia a los criterios del Evangelio y, aquí está el meollo, en franca contraposición a él. El alejado es aquel que se llama cristiano pero que vive contra los ideales que provienen del Evangelio. En un sentido más tenue, se puede incluir aquél que habiendo sido bautizado como mínimo, por decisión propia, ha renunciado a ser cristiano. Considero que esta es una categoría de personas aparte, que exige una reflexión y un trato pastoral especial.

  1. Definir, teoría y práctica

Quisiera que hagamos una distinción. No es lo mismo definir desde la teoría, a definir en la práctica. Esta última la expresaría así: definir en la práctica es lo mismo que comprender al alejado desde nuestro involucramiento personal en su situación. Este involucramiento conlleva cosas que la definición teórica deja a un lado. Quisiera referirse a un elemento esencial de este involucramiento para no hacerme más extenso.

El factor es la “conversión pastoral”, que revota en nuestra “conversión personal”. Un ejemplo de mi vida. Pienso en un primo político que podría pasar como alejado, pero que en las charlas de sobremesa me ha hecho ver que muchas de nuestras maneras de evangelizar en la Iglesia, especialmente en los sacerdotes, siguen la bimilenaria actitud de imponer, mientras que él practica una definida actitud de compartir respetuosamente con los demás sus convicciones, al mismo tiempo que deja que los demás le compartan las suyas, e incluso acoge el fruto de dichas convicciones cuando le parecen razonables y por ende aceptables. Voy al punto, mi conversión pastoral es que no puedo considerar a los alejados como personas totalmente equivocadas y he tenido que cambiar mis criterios, mi conversión personal implica, a partir de lo anterior, pedirles perdón a aquellas a las que he querido imponerles mis convicciones de fe cristiana. El problema no es mi fe o la fe cristiana, sino el modo: imponer.

Quien quiera definir desde la comprensión que da el involucramiento en la vida de los alejados, tendrá que adentrarse en un proceso de conversión en la que queda claro que no sólo el otro ha de dar pasos para avanzar, sino el mismo evangelizador.

¡De colores hermanos, espero que se la estén pasando en el amor de Cristo este nuestro 4º día!

San Francisco de Campeche; Campeche, Julio 2016

J. JOAQUIN LOPEZ AREVALO

ASESOR NACIONAL

4 Comments

  1. Alicia Trigos dice:

    Buenos Días les de Dios. Soy Alicia Trigos de Tampico, Tamaulipas, soy secretaria de la Escritora María de los Ángeles Hurtado de Mendoza, ella quiere saber los nombres de los dirigentes de Guadalajara y donde los puede contactar

  2. Rey Ventura Cortez Garcia dice:

    gracias….

  3. ignacia dice:

    una muy buena reflexion, que buen mensaje me da DIOS a travès de su Iglesia. Gracias hermano,,,,de colores.

  4. Alberto Campos dice:

    Exelente reflexión para meditar acerca de cómo vivimos nuestro cristianismo… Muchas veces podemos errar de manera inconsciente… Alejando más a nuestros hermanos con las imposiciones… Hay mucho que mejorar en nuestra vida de gracia… De colores desde El Salvador

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