Carta MCC Brasil – Marzo 2016 (No. 199)

Carta MCC Brasil – Febrero 2016 (N° 198)
febrero 22, 2016
Reseña del LXVIII Plenario Nacional
marzo 8, 2016
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Este es el día que el Señor hizo para nosotros:
gocemos y alegrémonos en él. Salmo 118 (24)

Queridísimos lectores y lectoras, compañeros y compañeras de peregrinación por el camino abierto por Jesús, que por su resurrección, preanuncio de la nuestra, nos lleva al terno abrazo del Padre:

Les escribo al iniciar el mes de Marzo, el mes de la Resurrección del Señor Jesús, celebrada en este año, el Domingo 27. Hasta ahí estamos recorriendo el camino de la Cuaresma del Año Santo de la Misericordia, a tiempo, por tanto, de reafirmar nuestros compromisos con las obras de misericordia sobre las cuales viene insistiendo el papa Francisco, sobretodo en la Bula que instituyó este Año Santo. Es, entonces, aun el tiempo de abandonar atajos y desvíos en los cuales estemos, tal vez en forma inadvertida, enredados. Propongo, entonces, que iniciemos nuestras reflexiones aun sobre la Cuaresma para, en seguida, en otros dos momentos, introducirnos en la celebración de la Vida, esto es, en la Pascua de Resurrección.

1. Cuaresma del Año Santo de la Misericordia. Leíamos con atención las palabras del Papa Francisco en la Bula sobre el Año Santo de la Misericordia (MV), al referirse a la Cuaresma de este año: La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! Con las palabras del profeta Miqueas también nosotros podemos repetir: Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados (cfr 7,18-19). MV 17. Estas palabras, sobretodo la cita del Profeta Miqueas podrán ayudarnos en nuestra preparación para la Pascua.

En el mismo párrafo, nosotros, los católicos, somos convocados por nuestro papa para una iniciativa que él llama: ” La iniciativa “24 horas para el Señor”, a celebrarse durante el viernes y sábado que anteceden el IV domingo de Cuaresma, se incremente en las Diócesis. Muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida. De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. Será para cada penitente fuente de verdadera paz interior.”

Por ser oportuno, les recuerdo la conveniencia de procurar, en su parroquia o diócesis , en su comunidad o Movimiento, que estas iniciativas seran tomadas en los próximos días 4 ó 5 de Marzo para proporcionar a todos una viva participación en esa providencial iniciativa.

2. Pascua de Resurrección, promesa de Vida Nueva. Durante toda su vida, Jesús no se cansa de anunciar su muerte y resurrección. Por eso, la resurrección de Jesús es el misterio central de nuestra fe. Y, casi como una conclusión de esa su insistencia, promete la resurrección y la vida a sus seguidores: “Yo soy la Resurrección y la vida. El que crea en mi, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mi, no morirá jamás” (Jn 11,25-26). Concientes de nuestras humanas limitaciones y rodeados, como estamos, de tantas señales de muerte -violencia, injusticias, odios, venganzas, faltas de perdón, incomprensión, etc. no siempre es fácil para nosotros creer en aquella vida nueva prometida por Jesús a sus seguidores. De toda forma, en la palabra de Jesús está la certeza de nuestra propia resurrección, esto es, de una VIDA NUEVA.

3. Pascua y Vida Nueva, madre de la esperanza. ” Jesús les habló de nuevo y dijo: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá luz y vida”. (Jn 8,12). Aquella certeza, alimentada por nuestra perseverancia en peregrinar por el camino abierto por Jesús, alimenta, o debería alimentar en el corazón y en la vida de cada peregrino, una ESPERANZA entre tantas tinieblas y oscuridades de la vida presente. “Teniendo la luz de la vida”, como dice Jesús, la luz de una vida nueva, aquella esperanza se transforma en una certeza de la más profunda aspiración de un ser humano: llegar a la PLENITUD. Plenitud ahora, en el tiempo presente, superando todos los obstáculos propios de nuestras limitaciones y plenitud al final de nuestra existencia, cuando el tan ansiado y esperado encuentro con el abrazo de ternura y de misericordia del Padre Eterno.

Al hacer referencia a la esperanza que debe alimentar la vida de un(a) seguidor(a) de Jesús, no resisto la tentación de citar algunas palabras inspiradas del Papa Francisco en la “Alegría del Evangelio” (EG). Sirvan ellas de profunda reflexión para su grupo tanto para este período de preparación para la Pascua, como para toda nuestra vida. Al referirse al fenómeno que el llama de “desertificación espiritual”, es decir, de la construcción de una sociedad sin Dios, estamos invitados a la esperanza: Pero «precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza». En todo caso, allí estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza!

Conclusión. Después de estas consideraciones, podemos concluir que no es la Navidad, como generalmente se piensa, la celebración más importante para la Iglesia. Para los seguidores de Jesús, es si, la Pascua de Resurrección la celebración más importante, más alegre y más esperanzadora. En cuanto a la Navidad, se celebra un nacimiento, un inicio de una caminata divino-humana, aquí se completa la realización de las promesas salvadoras de Dios a su Pueblo. Pascua de Resurrección: “Este es el dia que ha hecho el Señor, gocémos y alegrémonos en él.” (Salmo 118, 24)

Esas son palabras de Jesús cuando anuncia a sus discípulos, en parábolas su segunda venida. Mas, también, cada año, al aproximarse la celebración de la Pascua, en este año el 27 de Marzo, el tiempo cuaresmal constituye, de cierta forma, una preparación para el anuncio jubiloso de su Resurrección y de nuestra liberación de la esclavitud del pecado y, consecuentemente, de la muerte. Es en este año, tanto una vivencia consciente de la cuaresma como las celebraciones pascuales diversas, deberán estar impregnadas por el espíritu del Año Santo de la Misericordia.

Es en este espíritu y desde lo íntimo de mi corazón sacerdotal, repitiendo con vigor las palabras del Papa Francisco: “¡No dejemos que nos roben la esperanza!” que a todos mis queridísimos lectores y lectoras deseo un comprometido final de Cuaresma en el seguimiento del camino abierto por Jesús que, en la certeza de la fe, a todos ha de llevar a la Pascua de Resurrección, ahora en la liturgia, mañana en el tierno y eterno abrazo del Padre.!

Pe. José Gilberto BERALDO
Equipo sacerdotal del GEN
Grupo Ejecutivo Nacional del MCC de Brasil

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